Libreto | Santa Misa de Envío De La JMJ Guadalajara 2026


SANTA MISA SOLEMNE DE
ENVÍO DE LA
JMJ GUADALAJARA 2026

POR LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS

PRESIDE:
S.S. BENEDICTO VIII
ROMANO PONTÍFICE

XXVII - VII - MMXXVI

                                                               

REFLEXIÓN PREVIA
 
El sacerdote ganador del Concurso De Homilías para la JMJ, (P- Aarón Quintero), revestido desde ese momento para la Misa, se acercará al atril y predicará su homilía. Terminada su prédica, se dirigirá nuevamente a la sacristía para iniciar la Celebración. 

RITOS INICIALES
  
Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, incensarlo. Luego todos van a las sillas.
 
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 
℟.: Amén. 
 
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos ustedes. 
℟.: Y con tu espíritu. 

El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día.
℣.: Hermanos queridísimos: venidos de diversas partes del mundo, nos hemos reunido para concluir oficialmente el periodo de la Jornada Mundial De La Juventud 2026. Pero el lema no se queda encerrado en el pasado. Pidamos la sabiduría y el entendimiento para que lo aprendido aquí sea el mensaje del Evangelio que Cristo nos envía a predicar.

SALUDO
 
El Arzobispo de Guadalajara sin mitra, se acercará a un lugar oportuno frente a la Sede y brindará un mensaje de agradecimiento al Santo Padre y a los congregados. 

Terminado su mensaje, podrá saludar al Papa con un abrazo.

ACTO PENITENCIAL
 
El sacerdote invita a el arrepentimiento al pueblo con la siguiente formula:
Pres.: Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor. 

Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos dicen en común la fórmula de la confesión general: 
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. 
Y, golpeándose el pecho, dicen: 
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. 
Luego, prosiguen: 
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor. 
 
El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:
Pres.:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. 
℟.:
Amén. 
 
Siguen las invocaciones Señor, ten piedad (Kyrie, eléison)

GLORIA
 
Terminado lo anterior se canta el himno Gloria A Dios En El Cielo.
 
ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Dios nuestro, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad; mira la abundante cosecha y envía operarios que anuncien el Evangelio a toda creatura, para que tu pueblo, congregado por la Palabra de vida y sostenido por la gracia de los sacramentos, avance por el camino de la salvación y del amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Rm 10,9-18)
 
Lector: Leitura da Carta de São Paulo aos Romanos.

Irmãos, se, com tua boca, confessares Jesus como Senhor e, no teu coração, creres que Deus o ressuscitou dos mortos, serás salvo. É crendo no coração que se alcança a justiça e é confessando a fé com a boca que se consegue a salvação. Pois a Escritura diz: “Todo aquele que nele crer não ficará confundido”. Portanto, não importa a diferença entre judeu e grego; todos têm o mesmo Senhor, que é generoso para com todos os que o invocam. De fato, todo aquele que invocar o Nome do Senhor será salvo. Mas como invocá-lo, sem antes crer nele? E como crer, sem antes ter ouvido falar dele? E como ouvir, sem alguém que pregue? E como pregar, sem ser enviado para isso?

Assim é que está escrito: “Quão belos são os pés dos que anunciam o bem”. Mas nem todos obedeceram à Boa Nova. Pois Isaías diz: “Senhor, quem acreditou em nossa pregação?” Logo, a fé vem da pregação e a pregação se faz pela palavra de Cristo. Então, eu pergunto: Será que eles não ouviram? Certamente que ouviram, pois “a voz deles se espalhou por toda a terra, e as suas palavras chegaram aos confins do mundo”.

Lector: Palavra do Senhor.
℟.: Graças a Deus.
 
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 66)
 
℟. ¡Que te alaben Señor todos los pueblos!
 
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
℣.: VAYAN POR TODO EL MUNDO Y HAGAN DISCÍPULOS.
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
Pres.: El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
℣.: Amén.

EVANGELIO
(Mt. 28, 16-20)
 
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.:
El Señor esté con ustedes. 
℟.: Y con tu espíritu. 

El diácono (o el sacerdote), dice:
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
℟.:
Gloria a tí, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
V.: 
En aquellos días, los once discípulos fueron, pues a Galilea, al monte donde les había ordenado Jesús.  Y al verlo lo adoraron; algunos, sin embargo, dudaron. Y llegándose Jesús les habló, diciendo: "Todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra.  Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a conservar todo cuanto os he mandado. Y mirad que Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo".

℣.:  Palabra del Señor. 
℟.:  Gloria a tí, Señor Jesús.

HOMILÍA
 
Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono.

ORACIÓN DE LOS FIELES 

Pres.: Hermanos, elevemos nuestras súplicas a Dios Padre, que llama a todos los hombres a seguir a su Hijo Jesucristo y a construir una Iglesia joven, santa y misionera. Digamos con fe:
℟.:
Escúchanos, Señor.

- Pela Santa Igreja, para que, guiada pelo Espírito Santo, anuncie com coragem o Evangelho a todos os povos e encontre nos jovens um testemunho vivo de esperança e santidade. Rezemos ao Senhor.

- Por nuestro Santo Padre Benedicto, por los obispos, presbíteros, diáconos y todos los ministros de la Iglesia, para que, fortalecidos por la gracia de Dios, conduzcan al Pueblo santo con sabiduría, fidelidad y caridad pastoral. Oremos al Señor.

- Por todos os que participaram da Jornada Mundial da Juventude: que encontrem força na fé, aprofundem a comunhão entre si e se sintam encorajados a ser autênticos discípulos missionários de Jesus Cristo. Rezemos ao Senhor.

- Por los jóvenes que buscan descubrir la voluntad de Dios, para que, escuchando la voz del Buen Pastor, respondan con generosidad a la vocación a la que han sido llamados en el sacerdocio, la vida consagrada, el matrimonio o la vida laical comprometida. Oremos al Señor.

- Por aqueles que servem na evangelização através dos diversos ministérios, pastorais e movimentos da nossa comunidade, para que o Senhor fortaleça a sua entrega e torne fecundo o seu trabalho apostólico. Rezemos ao Senhor.

- Por los jóvenes que viven alejados de la fe, por quienes atraviesan momentos de tristeza, soledad o desánimo, para que encuentren en Cristo el sentido de su vida y en la Iglesia una familia que los reciba con amor. Oremos al Señor.

Por nossa comunidade: que esta Jornada Mundial da Juventude, que estamos prestes a concluir, marque um novo impulso evangelizador, fortaleça a unidade entre nossas arquidioceses e dioceses e promova um florescimento abundante de vocações santas a serviço do Reino de Deus. Rezemos ao Senhor.

Pres.: Padre bueno, escucha las oraciones que con fe te presentamos y concédenos perseverar siempre en el seguimiento de tu Hijo, para que, fortalecidos por el Espíritu Santo, seamos constructores de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.:Amén.
 
LITURGIA EUCARÍSTICA
 
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
 
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres. 
 
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. 
 
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.

Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración: 
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.

Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Pres.:
Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso. 
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia. 
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: 
Mira, Señor, a tu Hijo Jesucristo, que se entregó por la redención de todos los hombres, para que, por él, desde la salida del sol hasta su ocaso, tu nombre sea glorificado en todo el mundo y en todo lugar se ofrezca el único sacrificio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
 
PREFACIO
(Jesús Camino Hacia El Padre)
 
El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.:
Y con tu espíritu.

El sacerdote prosigue:
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.:
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.:
Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.: 
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Padre santo, Señor del cielo y de la tierra, por Cristo, Señor nuestro,

Porque creaste el mundo por medio de tu Palabra y lo gobiernas todo con justicia. Nos diste como mediador a tu Hijo, hecho carne, que nos comunicó tus palabras y nos llamó para que lo siguiéramos; él es el camino que nos conduce a ti, la verdad que nos hace libres, la vida que nos colma de alegría.

Por medio de tu Hijo reúnes en una sola familia a los hombres, creados para gloria de tu nombre, redimidos por su sangre en la cruz y marcados con el sello del Espíritu.

Por eso, ahora y siempre, con todos los ángeles proclamamos tu gloria, aclamándote llenos de alegría:

En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando en voz alta el himno Santo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA PARA 
DIVERSAS CIRCUNSTANCIAS III
 
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Pres.: Santo eres en verdad y digno de gloria, Dios que amas a los hombres, que siempre estás con ellos en el camino de la vida. Bendito es, en verdad, tu Hijo, que está presente en medio de nosotros cuando somos congregados por su amor, y como hizo en otro tiempo con sus discípulos, nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
Pres.: Por eso te rogamos, Padre misericordioso, que envíes tu Espíritu Santo para que santifique estos dones de pan y vino,

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor. Él mismo, la víspera de su Pasión, en la noche de la Última Cena,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó pan, te bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue: 
Del mismo modo, acabada la cena, 

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó el cáliz, te dio gracias y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.
Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada  por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados. Hagan esto en conmemoración mia.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego dice una de las siguientes fórmulas:
Pres.: Éste es el Misterio de nuestra fe, Cristo nos redimió.

Y el pueblo prosigue, aclamando:
℟. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Pres.: Por eso, Padre Santo, al celebrar el memorial de Cristo, tu Hijo, nuestro Salvador, a quien por su pasión y muerte en cruz llevaste a la gloria de la resurrección y lo sentaste a tu derecha, anunciamos la obra de tu amor, hasta que él venga, y te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de bendición.

Mira con bondad la ofrenda de tu Iglesia, en la que se hace presente el sacrificio pascual de Cristo que se nos ha confiado, y concédenos, por la fuerza del Espíritu de tu amor, ser contados ahora y por siempre entre en número de los miembros de tu Hijo, cuyo Cuerpo y Sangre comulgamos.

Mons. Sergio Card. Gómez: 
Vivifícanos con tu Espíritu, Padre omnipotente, por la participación en estos misterios, y haz que nos configuremos a imagen de Jesús; consolídanos en el vínculo de la comunión con nuestro Papa Benedicto, conmigo indigno siervo tuyo, con los demás obispos, presbíteros y diáconos, y con todo tu pueblo.

Haz que los fieles de la Iglesia sepan discernir los signos de los tiempos a la luz de la fe y se consagren plenamente al servicio del Evangelio. Concédenos estar atentos a las necesidades de todos los hombres para que participando en sus penas y angustias, en sus alegrías y esperanzas, les mostremos fielmente el camino de la salvación, y con ellos avancemos en el camino de tu reino.

Mons. Ginaldo Card. Silva: 
Acuérdate de nuestros hermanos que se durmieron en la paz de Cristo y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste: admítelos a contemplar la luz de tu rostro y dales la plenitud de la vida en la resurrección.

Y, terminada nuestra peregrinación por este mundo, concédenos, también, llegar a la morada eterna donde viviremos siempre contigo y allí, con santa María, la Virgen Madre de Dios, con los apóstoles y los mártires, y en comunión con todos los santos, te alabaremos y te glorificaremos

Junta las manos. 
por Jesucristo, Señor nuestro.

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
Pres.: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. 

El pueblo aclama:
℟. Amén.  
 
RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Junto con el pueblo, continúa:
℟.:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

El sacerdote prosigue él solo:
Pres.:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟.: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.: Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

El sacerdote añade:
Pres.: La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.

Luego el diácono, o el sacerdote, añade: 
℣.: Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta mientras tanto el Cordero De Dios.
 
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.: El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.: Amén.

Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Renovados por el don de nuestra redención, te pedimos, Padre, que con este auxilio de salvación eterna se acreciente siempre en nosotros la verdadera fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN FINAL

En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.

Después tiene lugar el envío. El Santo Padre dirá:
Pres.: Ahora quiero escuchar a esta Iglesia joven. Guadalajara nos ha recibido. ¿Estamos dispuestos a volver a nuestras casas como testigos?
℟.: ¡Sí!

Pres.: ¿Estamos dispuestos a llevar el Evangelio a nuestros amigos?
℟.: ¡Sí!

Pres.: ¿Estamos dispuestos a vivir nuestra fe sin miedo?
℟.: ¡Sí!

Pres.: ¿Estamos dispuestos a servir a los demás?
℟.: ¡Sí!

Pres.: ¿Estamos dispuestos a responder a Cristo cuando nos llame?
℟.: ¡Sí!

Pres.: Entonces digámoslo todos juntos: ¡GUADALAJARA NOS RECIBE!
℟.:
¡CRISTO NOS ENVÍA!
 
Después el diácono invita a todos a recibir la bendición diciendo:
℣.: Inclinen la cabeza para recibir la bendición. 

El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Pres.: Bendito sea el nombre del Señor.
℟.: Ahora y para siempre.

Pres.: Nuestro auxilio es el nombre del Señor. 
℟.: Que hizo el cielo y la tierra. 

Pres.: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre , Hijo ,  y Espíritu Santo , descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.

Después el sacerdote se retira a la sacristía.

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