VIGILIA DE ORACIÓN
CON LOS JÓVENES
JMJ GUADALAJARA 2026
XXVI - VII - MMXXVI
ENTRADA
Unos minutos antes del inicio, el monitor introduce:
Monitor: Hermanos y hermanas: Jóvenes peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud Guadalajara 2026:
Esta noche hemos sido convocados para algo más que encontrarnos. Hemos venido para escuchar, para dejar por un momento nuestras preocupaciones, nuestros planes, nuestras prisas y todo aquello que ocupa nuestra mente.
Hemos venido a preguntarnos: ¿Qué quiere Cristo de mí? Guadalajara nos ha recibido como peregrinos. Hemos llegado desde distintos lugares, con distintas historias, distintas culturas y distintas maneras de vivir nuestra fe. Pero esta noche somos una sola Iglesia. Una Iglesia joven. Una Iglesia que escucha. Una Iglesia que ora. Una Iglesia que quiere responder a la llamada de Cristo. Porque nuestro lema no termina en Guadalajara. Dice: «Guadalajara te recibe, Cristo te envía».
Esta noche queremos descubrir qué significa esa segunda parte. Cristo te envía. Pero nadie puede ser enviado si antes no se ha encontrado con Aquel que lo llama. Por eso, esta noche queremos encontrarnos con Cristo.
No tengas miedo de estar aquí. No tengas miedo de guardar silencio. No tengas miedo de preguntarle a Dios qué quiere de ti. Quizá esta noche Cristo quiera comenzar algo nuevo en tu vida...
Y entonces inicia el canto de entrada. Mientras todos se ponen de pie, el Santo Padre camina a el presidio.
Terminado el canto, el Santo Padre inicia invocando a la Trinidad:
Pres.: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo
℟.: Amén
Y saluda a los presentes diciendo:
Pres.: La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
Después introduce a los fieles:
Pres.: Queridos jóvenes: Esta noche queremos poner nuestra vida delante del Señor. No venimos a presentar una imagen perfecta de nosotros mismos. Venimos como somos. Con nuestras alegrías y nuestras tristezas. Con nuestros sueños y nuestros miedos. Con aquello que entendemos y con aquello que todavía no comprendemos. Pidamos al Señor que abra nuestro corazón y nos conceda la gracia de reconocer su voz.
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Invita a los presentes diciendo:
Pres.: Antes de escuchar la Palabra de Dios, invoquemos al Espíritu Santo. Él es quien abre nuestro corazón. Él es quien nos permite comprender la Palabra. Él es quien transforma a los discípulos temerosos en testigos valientes. Y también nosotros necesitamos que venga sobre nosotros:
Y todos juntos rezan:
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía, Señor, tu Espíritu
y todo será creado.
Y se renovará la faz de la tierra.
"CRISTO TE RECIBE"
EVANGELIO
(Mt. 11, 28-30)
El Santo Padre dará una monición:
Pres.: El primer anuncio que necesitamos escuchar esta noche es muy sencillo: Cristo te recibe. Antes de pedirte algo, Cristo te mira. Antes de enviarte, Cristo te llama. Antes de pedirte que seas fuerte, Cristo conoce tus debilidades. Antes de pedirte que anuncies su Evangelio, quiere encontrarse contigo. Escuchemos su Palabra.
Un lector se acercará al atril y pronunciará el Evangelio:
V: Del Santo Evangelio según san Mateo:
En aquel tiempo Jesús dijo: «Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera».
Podrán tomar asiento todos. Después alguien designado se acercará a leer la reflexión:
Lector I: «Vengan a mí». Qué palabras tan sencillas. Jesús no dice: «Cuando seas perfecto, ven». No dice: «Cuando hayas solucionado todos tus problemas, ven». No dice: «Cuando ya no tengas dudas, ven». Dice: «Vengan a mí».
Joven: Cristo no está esperando una versión perfecta de ti. Está esperando tu corazón. Quizá llegaste a esta JMJ con una alegría enorme. Quizá llegaste cansado. Quizá vienes con una pregunta que no sabes responder. Quizá hay algo en tu vida que nadie conoce. Quizá estás viviendo una lucha silenciosa. Quizá incluso tienes dudas sobre Dios. No tengas miedo. Cristo te recibe.
Ahora vamos a guardar silencio. No tienes que hacer nada. No tienes que decir nada. Simplemente piensa: ¿Qué traigo hoy delante de Cristo? ¿Qué alegría? ¿Qué preocupación? ¿Qué herida? ¿Qué sueño? ¿Qué miedo? Entrégaselo.
Tras guardar un momento de silencio se entonará un canto.
TESTIMONIO
El designado para esta parte se acercará al centro del escenario, con un atril preparado. Y dará su experiencia según crea para la ocasión.
Una vez concluya sus palabras, podrá ser aplaudido y volverá a su lugar.
El Santo Padre dirá:
Pres.: Quizá has escuchado ese testimonio y has pensado: «Yo también tengo una historia que Dios quiere escribir». Y es verdad. Tu historia todavía no está terminada. ¡Sé tu quien deseé escribirla junto con Cristo!
Y terminadas las palabras, inmediatamente se entonará un canto.
"CRISTO TE TRANSFORMA"
Terminado el canto continuarán las reflexiones. Alguien designado se acercará a leer la reflexión:
Lector II: Hay cosas que no podemos entregar a Cristo solamente con palabras. Hay momentos en los que necesitamos reconocer que hemos fallado. Que hemos herido. Que hemos pecado. Pero el pecado no tiene la última palabra. La última palabra la tiene la misericordia de Dios. Por eso, en este momento, cada uno puede hacer un breve examen de conciencia.
Pregúntate: ¿Dónde he dejado de amar? ¿A quién necesito perdonar? ¿He permitido que el orgullo gobierne mis decisiones? ¿He sido indiferente ante quien necesitaba de mí? ¿He escondido mi fe por miedo a lo que otros pudieran pensar? ¿He dejado espacio para Dios en mi vida? ¿Qué necesita cambiar en mí?
Y se guardará un momento de silencio. Será prudente que se entone un canto penitencial acorde a la reflexión.
Alguien designado se acercará a leer la reflexión:
Lector III: Encontrarse con Cristo no significa permanecer igual. Cristo entra en nuestra vida para transformarla. Pero hay algo importante: Cristo no destruye lo que somos. Lo purifica. Lo sana. Lo fortalece. Lo lleva a su plenitud. Jesús dijo: «Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto; porque separados de mí no pueden hacer nada».
«Permanezcan en mí». No dice: «Corran sin parar». No dice: «Hagan mil cosas». Dice: «Permanezcan en mí». Vivimos en un mundo que constantemente nos pide producir, responder, mostrar, competir, avanzar. Pero Cristo nos invita a algo diferente: permanecer. Permanecer en la oración. Permanecer en la verdad. Permanecer en el amor. Permanecer cerca de Él. Porque un joven que permanece unido a Cristo puede dar fruto. Y ese fruto no es solamente para él. Es para los demás.
Y se entona un canto de entrega.
"CRISTO TE ENVÍA"
Alguien designado se acercará a leer la reflexión:
Lector IV: Hemos llegado al corazón de nuestra vigilia. Porque Cristo no nos reúne solamente para que nos quedemos aquí. Nos reúne para enviarnos.
En el Evangelio de Mateo, Jesús se acercó a los discípulos y les dijo: «Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos. Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo».
Vayan. Una palabra. Una palabra que cambia todo. Cristo no dice: «Quédense». Dice: «Vayan». La JMJ no termina cuando termine esta Jornada. La JMJ comienza cuando regreses. Cuando vuelvas a tu casa. Cuando vuelvas a tu comunidad. Cuando vuelvas a tus amigos. Cuando regreses a ese lugar donde quizá nadie comparte tu fe. Ahí comienza tu misión.
Cristo te envía. No porque seas perfecto. No porque tengas todas las respuestas. Te envía porque has conocido su amor. Y quien ha conocido el amor de Cristo no puede guardárselo solamente para sí.
ORACIÓN
El Santo Padre invitará a orar:
Pres.: Hermanos, antes de terminar esta hermosa noche, oremos todos juntos a Jesús, y ofrezcamos nuestras vidas a servirle para ser fieles a nuestro lema:
Y todos juntos, en una voz más baja dirán la oración:
Señor Jesús: Aquí estamos.
Nos has llamado
en medio de nuestras historias,
de nuestras dudas,
de nuestros sueños
y de nuestras esperanzas.
Gracias por recibirnos.
Gracias por mirarnos.
Gracias por llamarnos.
Esta noche queremos entregarte
todo aquello que somos.
Nuestros talentos
y nuestras limitaciones.
Nuestros sueños
y nuestros miedos.
Nuestro presente
y nuestro futuro.
Haz de nosotros
jóvenes santos.
Jóvenes valientes.
Jóvenes capaces de amar.
Jóvenes capaces de servir.
Jóvenes que no tengan miedo
de anunciar tu Evangelio.
Cuando volvamos a nuestras casas,
no permitas que olvidemos
lo que hemos vivido contigo.
Que llevemos tu alegría.
Que llevemos tu paz.
Que llevemos tu misericordia.
Que llevemos tu Palabra.
Que llevemos tu amor.
Y cuando nos preguntes:
«¿A quién enviaré?»
Que podamos responder:
«Aquí estoy, Señor. Envíame».
Amén
DISCURSO DEL SANTO PADRE
Antes de continuar, el Santo Padre dará un discurso a todos los fieles presentes.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Proseguirá la oración de los fieles. El Santo Padre dirá:
Pres.: Hermanos, elevemos nuestras súplicas a Dios Padre, que llama a todos los hombres a seguir a su Hijo Jesucristo y a construir una Iglesia joven, santa y misionera. Digamos con fe:
℟.: Escúchanos, Señor.
℟.: Escúchanos, Señor.
- Por la Santa Iglesia, para que, guiada por el Espíritu Santo, anuncie con valentía el Evangelio a todos los pueblos y encuentre en los jóvenes un testimonio vivo de esperanza y santidad. Oremos al Señor.
- Por nuestro Santo Padre Benedicto, por los obispos, presbíteros, diáconos y todos los ministros de la Iglesia, para que, fortalecidos por la gracia de Dios, conduzcan al Pueblo santo con sabiduría, fidelidad y caridad pastoral. Oremos al Señor.
- Por todos los que participaran en la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Guadalajara, para que este encuentro fortalezca su fe, acreciente la comunión entre ellos y los impulse a ser auténticos discípulos misioneros de Jesucristo. Oremos al Señor.
- Por los jóvenes que buscan descubrir la voluntad de Dios, para que, escuchando la voz del Buen Pastor, respondan con generosidad a la vocación a la que han sido llamados en el sacerdocio, la vida consagrada, el matrimonio o la vida laical comprometida. Oremos al Señor.
- Por quienes sirven en la evangelización mediante los diversos ministerios, pastorales y movimientos de nuestra comunidad, para que el Señor fortalezca su entrega y haga fecundo su trabajo apostólico. Oremos al Señor.
- Por los jóvenes que viven alejados de la fe, por quienes atraviesan momentos de tristeza, soledad o desánimo, para que encuentren en Cristo el sentido de su vida y en la Iglesia una familia que los reciba con amor. Oremos al Señor.
- Por nuestra comunidad católica, para que esta Jornada Mundial de la Juventud marque un nuevo impulso evangelizador, fortalezca la unidad entre nuestras arquidiócesis, diócesis y parroquias, y haga florecer abundantes y santas vocaciones al servicio del Reino de Dios. Oremos al Señor.
Pres.: Padre bueno, escucha las oraciones que con fe te presentamos y concédenos perseverar siempre en el seguimiento de tu Hijo, para que, fortalecidos por el Espíritu Santo, seamos constructores de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.:Amén.
Después dirá:
Pres.: Antes de terminar, queremos mirar a María. Ella también fue joven. Ella también recibió una llamada. Ella también tuvo que confiar en Dios sin conocer todos los detalles del camino. Y cuando Dios la llamó, respondió: «Aquí está la servidora del Señor». Pidámosle que nos enseñe a responder de la misma manera.
Y todos rezarán juntos la "Salve" (Dios te Salve Reina Y Madre)
℟.: Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Después el Santo Padre dirá:
Pres.: Con la confianza de los hijos que saben que el Padre siempre los acompaña, digamos juntos:
Y rezarán el Padre Nuestro.
℟.: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
BENDICIÓN FINAL
Después tiene lugar la despedida. El Santo Padre dirá:
Pres.: Ahora quiero escuchar a esta Iglesia joven. Guadalajara nos ha recibido. ¿Estamos dispuestos a volver a nuestras casas como testigos?
℟.: ¡Sí!
Pres.: ¿Estamos dispuestos a llevar el Evangelio a nuestros amigos?
℟.: ¡Sí!
Pres.: ¿Estamos dispuestos a vivir nuestra fe sin miedo?
℟.: ¡Sí!
Pres.: ¿Estamos dispuestos a servir a los demás?
℟.: ¡Sí!
Pres.: ¿Estamos dispuestos a responder a Cristo cuando nos llame?
℟.: ¡Sí!
℟.: ¡Sí!
Pres.: Entonces digámoslo todos juntos: ¡GUADALAJARA NOS RECIBE!
℟.: ¡CRISTO NOS ENVÍA!
℟.: ¡CRISTO NOS ENVÍA!
Y dará la bendición:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
℟.: Y con tu espíritu.
Extendiendo las manos sobre el pueblo dice la oración:
Pres.: Confirma, Señor, en tu amor a estos hijos tuyos, para que, fortalecidos por la gracia del Espíritu Santo, perseveren en el seguimiento de Cristo y anuncien con alegría el Evangelio.
℟.: Amén
Pres.: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
Y todos podrán retirarse del lugar.
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