Libreto Litúrgico | Santa Misa Apertura JMJ Guadalajara 2026


SANTA MISA SOLEMNE
APERTURA DE LA 
JMJ GUADALAJARA 2026

FIESTA DE SANTA MARÍA MAGDALENA

PRESIDE:
S.E.R. SERGIO CARD. GÓMEZ
ARZOBISPO METROPOLITANO DE GUADALAJARA

XXII - VII - MMXXVI

                                                               

RITOS INICIALES
  
Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, incensarlo. Luego todos van a las sillas.
 
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 
℟.: Amén. 
 
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con su alegría y con su paz, esté siempre con todos ustedes. 
℟.: Y con tu espíritu. 

El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día.
℣.: 

ACTO PENITENCIAL
 
El sacerdote invita a el arrepentimiento al pueblo con la siguiente formula:
Pres.: Reconociendo con humildad que somos pecadores, pidamos perdón a Dios de todo corazón. 

Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos dicen en común la fórmula de la confesión general: 
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. 
Y, golpeándose el pecho, dicen: 
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. 
Luego, prosiguen: 
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor. 
 
El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:
Pres.:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. 
℟.:
Amén. 
 
Siguen las invocaciones Señor, ten piedad (Kyrie, eléison)

GLORIA
 
Terminado lo anterior se canta el himno Gloria A Dios En El Cielo.
 
ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Dios nuestro, que quisiste que santa María Magdalena fuera la primera en recibir de tu Unigénito el encargo de anunciar el gozo pascual, concédenos por su intercesión que, siguiendo su ejemplo, anunciemos a Cristo resucitado y merezcamos contemplarlo reinando en el cielo. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(1Cor. 5, 14-21)
 
Lector: De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios.
Hermanos: 
El amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Por eso nosotros ya no juzgamos a nadie con criterios humanos. Si alguna vez hemos juzgado a Cristo con tales criterios, ahora ya no lo hacemos. El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado; ya todo es nuevo. 

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 62)
 
℟. Señor, danos siempre de tu agua.

Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco; 
de ti sedienta está mi alma. 
Señor, todo mi ser te añora, 
como el suelo reseco añora el agua. ℟.

Para admirar tu gloria y tu poder, 
anhelo contemplarte en el santuario. 
Pues mejor es tu amor que la existencia; 
siempre, Señor, te alabarán mis labios. ℟.

Podré así bendecirte mientras viva 
y levantar en oración mis manos. 
De lo mejor se saciará mi alma; 
te alabaré con júbilo en los labios. ℟.

Fuiste mi auxilio y a tu sombra, 
canté lleno de gozo. 
A ti se adhiere mi alma 
y tu diestra me da seguro apoyo. ℟.
 
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
℣.¿QUÉ HAS VISTO DE CAMINO, MARÍA EN LA MAÑANA? A MI SEÑOR GLORIOSO, LA TUMBA ABANDONADA.
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
Pres.: El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
℣.: Amén.

EVANGELIO
(---)
 
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.:
 
El Señor esté con ustedes. 
℟.: Y con tu espíritu. 

El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
℟.: 
Gloria a tí, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
V.: 
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto». María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: «¿Por qué estás llorando, mujer?» Ella les contestó: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto».

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: «Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?» Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: «Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto». Jesús le dijo: «¡María!» Ella se volvió y exclamó: «¡Rabbuní!», que en hebreo significa ‹maestro›. Jesús le dijo: «Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‹Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios›.

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.

℣.:  Palabra del Señor. 
℟.:  Gloria a tí, Señor Jesús.

HOMILÍA
 
Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono.

ORACIÓN DE LOS FIELES 

Pres.: Hermanos, elevemos nuestras súplicas a Dios Padre, que llama a todos los hombres a seguir a su Hijo Jesucristo y a construir una Iglesia joven, santa y misionera. Digamos con fe:
℟.:
Escúchanos, Señor.

- Por la Santa Iglesia, para que, guiada por el Espíritu Santo, anuncie con valentía el Evangelio a todos los pueblos y encuentre en los jóvenes un testimonio vivo de esperanza y santidad. Oremos al Señor.

- Por nuestro Santo Padre Benedicto, por los obispos, presbíteros, diáconos y todos los ministros de la Iglesia, para que, fortalecidos por la gracia de Dios, conduzcan al Pueblo santo con sabiduría, fidelidad y caridad pastoral. Oremos al Señor.

- Por todos los participantes en esta Jornada Mundial de la Juventud, venidos de las distintas provincias eclesiásticas, diócesis y comunidades eclesiales, para que este encuentro fortalezca su fe, acreciente la comunión entre ellos y los impulse a ser auténticos discípulos misioneros de Jesucristo. Oremos al Señor.

- Por los jóvenes que buscan descubrir la voluntad de Dios, para que, escuchando la voz del Buen Pastor, respondan con generosidad a la vocación a la que han sido llamados en el sacerdocio, la vida consagrada, el matrimonio o la vida laical comprometida. Oremos al Señor.

- Por quienes sirven en la evangelización mediante los diversos ministerios, pastorales y movimientos de nuestra comunidad, para que el Señor fortalezca su entrega y haga fecundo su trabajo apostólico. Oremos al Señor.

- Por los jóvenes que viven alejados de la fe, por quienes atraviesan momentos de tristeza, soledad o desánimo, para que encuentren en Cristo el sentido de su vida y en la Iglesia una familia que los reciba con amor. Oremos al Señor.

- Por nuestra comunidad católica, para que esta Jornada Mundial de la Juventud marque un nuevo impulso evangelizador, fortalezca la unidad entre nuestras arquidiócesis, diócesis y parroquias, y haga florecer abundantes y santas vocaciones al servicio del Reino de Dios. Oremos al Señor.

Pres.: Padre bueno, escucha las oraciones que con fe te presentamos y concédenos perseverar siempre en el seguimiento de tu Hijo, para que, fortalecidos por el Espíritu Santo, seamos constructores de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.:Amén.
 
LITURGIA EUCARÍSTICA
 
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
 
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres. 
 
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. 
 
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.

Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración: 
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.

Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Pres.: 
Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso. 
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia. 
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: 
Acepta, Señor, los dones que te presentamos en la conmemoración de santa María Magdalena, con el mismo agrado con el que tu Unigénito aceptó su homenaje de amor. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
 
PREFACIO
(María Magdalena, "Apostola" de los Aposteles)
 
El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: 
Y con tu espíritu.

El sacerdote prosigue:
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.: 
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: 
Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.: En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, aclamarte siempre, Padre todopoderoso, de quien la misericordia no es menor que el poder, por Cristo, Señor nuestro.

El cual se apareció visiblemente en el huerto a María Magdalena, pues ella lo había amado en vida, lo había visto morir en la cruz, lo buscaba yacente en el sepulcro, y fue la primera en adorarlo resucitado de entre los muertos; y él la honró ante los apóstoles con el oficio del apostolado para que la buena noticia de la vida nueva llegase hasta los confines del mundo.

Por eso, Señor, nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo: 

En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando en voz alta el himno Santo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA III
 
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Pres.: Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus crea turas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
Pres.: Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,  

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan en el Cuerpo la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, Junta las manos. que nos mandó celebrar estos misterios. Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue: 
Del mismo modo, acabada la cena, 

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.
Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada  por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados. Hagan esto en conmemoración mia.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego dice una de las siguientes fórmulas:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:
℟. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Pres.: Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. 

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. 

Mons. : 
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, santa María Magdalena y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

Mons. : 
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto, con mi hermano Sergio, Arzobispo de esta Iglesia de Guadalajara, al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. 

A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,  

Junta las manos. 
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
Pres.: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. 

El pueblo aclama:
℟. Amén.  
 
RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: 
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Junto con el pueblo, continúa:
℟.: 
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

El sacerdote prosigue él solo:
Pres.: 
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟.: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.: Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

El sacerdote añade:
Pres.: La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.

Luego el diácono, o el sacerdote, añade: 
℣.: Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta mientras tanto el Cordero De Dios.
 
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.: El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.: Amén.

Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Señor, que la santa recepción de tu sacramento, infunda en nosotros aquel amor perseverante con el que santa María Magdalena estuvo siempre unida a Cristo, su maestro. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN FINAL

En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después invita a todos a recibir la bendición diciendo:
℣.: Inclinen la cabeza para recibir la bendición. 

Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Y extendiendo las manos sobre el pueblo dice la oración:
Pres.: Confirma, Señor, en tu amor a estos hijos tuyos, para que, fortalecidos por la gracia del Espíritu Santo, perseveren en el seguimiento de Cristo y anuncien con alegría el Evangelio.
℟.: Amén

Pres.: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ,  y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.

Después el sacerdote se retira a la sacristía.

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