Libreto Litúrgico | Misa Votiva a Nuestra Señora de Zapopan


LIBRETO
MISA VOTIVA A NUESTRA SEÑORA DE ZAPOPAN

RITOS INICIALES

CANTO DE ENTRADA

Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice: 
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 
℟. Amén.

La paz esté con ustedes.
℟.Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.

Pausa de silencio.

todos dicen en común la fórmula de la confesión general: 
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.  
Y, golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. 
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor. 

Sigue la absolución del sacerdote: 
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. 
℟. Amén.

SEÑOR, TEN PIEDAD
GLORIA

ORACIÓN COLECTA

Terminado el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Luego el Obispo, con los brazos abiertos, dice la oración colecta:
Dios todopoderoso y eterno, que en Nuestra Señora de Zapopan, nos has concedido una poderosa evangelizadora y pacificadora, concédenos la paz deseada, para que vivamos en el amor fraterno. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:
Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
(Zac 2, 14-17)

Regocíjate, Jerusalén, pues vengo a vivir en medio de ti

Lectura del libro del profeta Zacarias:

"Canta de gozo y regocíjate, Jerusalén, pues vengo a vivir en medio de ti,
dice el Señor. Muchas naciones se unirán al Señor en aquel día; ellas también
serán mi pueblo y yo habitaré en medio de ti y sabrás que el Señor de los ejércitos
me ha enviado a ti. El Señor tomará nuevamente a Judá corno su propiedad
personal en la tierra santa y Jerusalén volverá a ser la ciudad elegida". ¡Que todos
guarden silencio ante el Señor, pues Él se levanta ya de su santa morada! 

Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSARIAL 
(Sal 44)

℟. De pie, a tu derecha, está la reina.

Hijas de reyes salen a tu encuentro. De pie, a tu derecha, está la reina, de joyas de oro fino,
recubierta. ℟.

Escucha, hija, mira y pon atención: olvida a tu pueblo y la casa paterna; el rey está prendado de tu belleza; ríndele homenaje porque él es tu señor. ℟.

Entre alegría y regocijo van entrando en el palacio real. A cambio de tus padres, tendrás hijos, que nombrarás príncipes por toda la tierra. ℟.

SEGUNDA LECTURA
(Ef 2, 4-10)

Hermanos: La misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque
nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y Él nos dio la vida con Cristo
y en Cristo. Por pura generosidad suya, hemos sido salvados. Con Cristo y en
Cristo nos ha resucitado y con Él nos ha reservado un sitio en el Cielo. Así, en
todos los tiempos, Dios muestra, por medio de Jesús, la incomparable riqueza de
su gracia y de su bondad para con nosotros.
En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe; y esto no
se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios. Tampoco se debe a las
obras, para que nadie pueda presumir, porque somos hechura de Dios, creados
por medio de Cristo Jesús, para hacer el bien que Dios ha dispuesto que
hagamos.

Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

℟. Aleluya, Aleluya, Aleluya.

Dichosa tú, porque has creído.

℟. Aleluya, Aleluya, Aleluya.

Mientras tanto, el Obispo, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
Padre, dame tu bendición.

El Obispo dice en voz baja:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
Amén.

EVANGELIO 
(Lc 1, 39-47)

V. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas
℟. Gloria a ti, Señor.

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las
montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto
ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.
 Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz,
exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy
yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis
oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se
cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor". Entonces dijo María: "Mi
alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi Salvador".

Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.

Luego lleva el libro al Obispo, que lo besa en silencio y bendice al pueblo.

Luego, el Sacerdote hace la homilía

ORACIÓN DE LOS FIELES

El sacerdote invita a los fieles a orar:
Confiados en la misericordia divina, que por medio de Santa María Virgen ha visitado y redimido a su pueblo, oremos a Dios por las necesidades de los hombres:
A cada invocación responderemos: 

℟. Te rogamos, óyenos.

1. Para que el Señor que quiso que la santidad de la Iglesia se prefigurara y llegara a feliz término en la perfección de María, conceda a los cristianos de esta 
Arquidiócesis, ser vivo reflejo de aquella santidad que resplandece en la Madre de Dios, roguemos al Señor. ℟.

2. Por el Santo Padre [León y Benedicto], por nuestro Arzobispo [Sergio] y por todos nuestros pastores, para que a imitación de los primeros evangelizadores que nos trajeron la fe cristiana– sigan ofreciendo a nuestro mundo el alegre testimonio de una vida santa, roguemos al Señor. ℟.

3. Para que, por intercesión de nuestra Madre del cielo, el Señor visite a los que viven solos, abandonados, descorazonados o tristes, fortalezca su esperanza y 
puedan encontrar en nosotros una mano amiga que salga en su ayuda, roguemos al Señor. ℟.

4. Por nuestra santa Iglesia de Guadalajara fiel portadora de la vocación maternal de nuestra Santa Patrona para que, siguiendo fielmente su ejemplo, continúe anunciando valerosamente la Buena Nueva de Jesucristo en todos los ámbitos de nuestra sociedad, roguemos al Señor. ℟.

El sacerdote termina la plegaria universal:
Dios nuestro, que has querido que Nuestra Señora de Zapopan fuera ayuda y patrona de quienes peregrinamos hacia la Patria eterna en estas benditas tierras regadas por la sangre de tantos mártires– escucha nuestras plegarias y haz que, confiando en su ayuda poderosa, obtengamos los bienes que te hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA

CANTO DE OFERTORIO

Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. A continuación, el diácono inciensa al Obispo y al pueblo.

A continuación, el Obispo, de pie junto al altar, se lava las manos, orando en silencio.

Después, de pie en medio del altar y de cara al pueblo, el Obispo extiende y junta las manos y dice:
Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.

El pueblo se levanta y responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Luego el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas: 
Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de expiación, al celebrar la memoria de la Santísima Virgen María, nuestra Señora de Zapopan, y pedimos para tu familia los dones de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

El pueblo aclama:
Amén.

PREFACIO DE LA VIRGEN MARÍA II
La iglesia alaba a Dios con las palabras de María

℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio, con las manos extendidas:
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, reconocer tu grandeza en la perfección de los santos, y sobre todo, en esta conmemoración de Santa María Virgen, glorificar tu bondad con su mismo cántico de alabanza.

En verdad hiciste maravillas en toda la tierra y prolongaste de generación en generación la generosidad de tu misericordia, cuando miraste la humildad de tu servidora, y, por medio de ella, nos diste al autor de nuestra salvación, tu Hijo, Jesucristo Señor nuestro.

Por él, adoran tu grandeza los ángeles que se alegran eternamente en tu presencia. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando alegremente:
SANTO

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CP:  
SANTO eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus crea turas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice: 
CC:
Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,  

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan en el Cuerpo la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, Junta las manos. que nos mandó celebrar estos misterios. 

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos. 

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue: 
Del mismo modo, acabada la cena, 

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos. 

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego dice: 
CP:
Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió.
℟. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice: 
CC:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. 

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. 

C1: 
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, [san N.: santo del día o patrono] y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

C2: 
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa León y Benedicto, a nuestro Obispo Sergio, al Orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia, reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. 

A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,  

Junta las manos. 
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes. 

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
CP o CC:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. 
℟. Amén.

RITO DE COMUNIÓN

Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.  

Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 
Junta las manos. 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén. 

El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz, dense la paz como signo de reconciliación.


CORDERO DE DIOS

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

CANTO DE COMUNIÓN

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
Concédenos, Señor, tu Espíritu de caridad, para que, alimentados con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, en esta conmemoración de la Virgen María, nuestra Señora de Zapopan, cultivemos eficazmente entre nosotros la paz que Él nos dio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

El pueblo responde:
Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN 

El Obispo viendo hacia al pueblo con las manos extendidas dice:
El Señor este con Ustedes.
℟. Y con tu Espíritu.

El Obispo concluye diciendo:
La bendición de Dios todopoderoso, Padre , Hijo , y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.


Luego el Obispo o el Diácono dice:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza, podemos ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.

ANTÍFONA MARIANA

CANTO DE SALIDA

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