Libreto Liturgico | Presentación del Obispo Auxiliar, Mons. Sebastián Ross

  


PRESENTACIÓN DEL OBISPO AUXILIAR


El Arzobispo junto con el Obispo Auxiliar se reúnen en la entrada de la iglesia con vestimenta coral y los dos besan la cruz, El Obispo Auxiliar pasando por la nave principal rocía con agua bendita al pueblo, terminando entra a la capilla del santísimo y lo adora por un momento.

Terminando la adoración los Obispos y los demás concelebrantes se dirigen a la sacristía y se revisten.

La celebración inicia con el Arzobispo Metropolitano.

RITOS INICIALES

Una vez reunido el pueblo, el Obispo se dirige al altar con los ministros durante el canto de entrada.

CANTO DE ENTRADA


Cuando llega al altar, se inclina profundamente con los ministros, besa el altar en señal de veneración e inciensa la cruz y el altar. A continuación, se dirige con los ministros a las sillas.

El obispo, vuelto al pueblo, dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 

Todos responden:
℟.: Amén.

A continuación, el Obispo abre los brazos y saluda a la gente:
La paz esté con ustedes.

El pueblo responde:
Y con tu espíritu.

El Arzobispo dirige unas palabras hacia el Obispo  Auxiliar.

LECTURA DE LAS LETRAS APOSTÓLICAS

Después el Vicario General da lectura a la bula de nombramiento desde el ambón y todos escuchan sentados.

BENEDICTO OBISPO,
SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS

Al dilecto hijo Damián Sebastián Ross
hasta ahora obispo Auxiliar de León,
salud y bendición apostólica.

La Iglesia, que peregrina en el tiempo anunciando constantemente la novedad del Evangelio, reconoce en la historia de sus ministros los signos de la providencia divina, que dispone todas las cosas para el bien de su Pueblo. En efecto, el Señor, que llama y envía, también conduce a sus siervos por diversos caminos, para que allí donde han sembrado con generosidad, puedan nuevamente servir con mayor plenitud.

No es ajeno a este designio el hecho de que algunos pastores sean llamados a retornar a comunidades donde anteriormente han ejercido su ministerio, llevando consigo la madurez adquirida y renovando los vínculos de caridad pastoral que edifican la comunión eclesial.

Por ello, habiendo considerado tu fiel servicio como Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de León, y recordando con estima tu fecundo ministerio presbiteral en la Arquidiócesis Metropolitana de Guadalajara, donde supiste entregarte con celo apostólico, hemos juzgado oportuno encomendarte una nueva misión en aquella misma Iglesia particular.

En virtud de nuestra autoridad apostólica, te nombramos Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Guadalajara, para que, en comunión con su Arzobispo, continúes sirviendo al Pueblo de Dios con la misma fidelidad y dedicación que ya has manifestado, ahora enriquecido por la plenitud del orden episcopal.

Te exhortamos, querido hermano, a que asumas este envío con espíritu agradecido y disponibilidad renovada, fortaleciendo a los fieles, acompañando a los presbíteros y promoviendo la unidad en la caridad. Que el recuerdo de tu servicio pasado sea fundamento de una entrega aún más generosa en el presente.

Confiamos tu ministerio a la intercesión de la Santísima Virgen María, para que ella guíe tus pasos y sostenga tu labor pastoral, y pedimos al Señor que haga fecundo tu servicio en medio de su Pueblo.

Dado en Roma, en San Pedro, a los 8 días de abril del Año del Señor, 2026, primero de nuestro Pontificado.


Benedicto VIII
Papa

Todos aclaman: 
Te damos gracias, Señor.

El Arzobispo entrega el Báculo pastoral al Obispo Auxiliar y lo invita a proseguir con la celebración con el canto del gloria -dependiendo del tiempo litúrgico-.


ORACIÓN COLECTA

Terminado el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Luego el Obispo, con los brazos abiertos, dice la oración colecta:
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Dios todopoderoso y eterno, lleva a su plenitud en nosotros el sacramento pascual, para que, a quienes te dignaste renovar por el santo bautismo, les hagas posible, con el auxilio de tu protección, abundar en frutos buenos, y alcanzar los gozos de la vida eterna. Por Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
 
Del libro de los Hechos de los Apóstoles:

En aquellos días, como aumentaba mucho el número de los discípulos, hubo ciertas quejas de los judíos griegos contra los hebreos, de que no se atendía bien a sus viudas en el servicio de caridad de todos los días.

Los Doce convocaron entonces a la multitud de los discípulos y les dijeron: «No es justo que, dejando el ministerio de la Palabra de Dios, nos dediquemos a administrar los bienes. Escojan entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encargaremos este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».

Todos estuvieron de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y éstos, después de haber orado, les impusieron las manos.

Mientras tanto, la palabra de Dios iba cundiendo. En Jerusalén se multiplicaba grandemente el número de los discípulos. Incluso un grupo numeroso de sacerdotes había aceptado la fe.

Al final de la lectura, el lector aclama:
Palabra de Dios. 

Todos responden:
Te alabamos, Señor.


SALMO RESPONSORIAL
 
℟. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.

Que los justos aclamen al Señor; 
es propio de los justos alabarlo. 
Demos gracias a Dios al son del arpa, 
que la lira acompañe nuestros cantos. ℟. 

Sincera es la palabra del Señor 
y todas sus acciones son leales. 
El ama la justicia y el derecho, 
la tierra llena está de sus bondades.  ℟. 

Cuida el Señor de aquellos que lo temen 
y en su bondad confían; 
los salva de la muerte 
y en épocas de hambre les da vida. ℟. 

SEGUNDA LECTURA
 
De la primera carta del apóstol san Pedro.

Hermanos: 
Acérquense al Señor Jesús, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y preciosa a los ojos de Dios; porque ustedes también son piedras vivas, que van entrando en la edificación del templo espiritual, para formar un sacerdocio santo, destinado a ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios, por medio de Jesucristo. Tengan presente que está escrito: He aquí que pongo en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.

Dichosos, pues, ustedes, los que han creído. En cambio, para aquellos que se negaron a creer, vale lo que dice la Escritura: La piedra que rechazaron los constructores ha llegado a ser la piedra angular, y también tropiezo y roca de escándalo. Tropiezan en ella los que no creen en la palabra, y en esto se cumple un designio de Dios.

Ustedes, por el contrario, son estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios y pueblo de su propiedad, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Al final de la lectura, el lector aclama:
Palabra de Dios. 

Todos responden:
Te alabamos, Señor.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
Amén.


EVANGELIO


Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
El Señor esté con ustedes.

El pueblo responde:
Y con tu espíritu.

El diácono (o el sacerdote), dice:
 Proclamación del santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, según San Juan.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.

El pueblo responde:
Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy».

Entonces Tomás le dijo: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le respondió: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».

Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta». Jesús le replicó: «Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‹Muéstranos al Padre›? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aún mayores, porque yo me voy al Padre».

Cuando termina el Evangelio, el diácono aclama:
Palabra del Señor.

El pueblo responde:
Gloria a ti, Señor.

Luego lleva el libro al Obispo, que lo besa en silencio y bendice al pueblo.

Luego, el Obispo hace la homilía


CREDO

Credo in unum Deum...

ORACIÓN DE LOS FIELES

El Obispo invita a los fieles a orar:
Levantemos nuestros ojos a Cristo –Obispo y Pastor de nuestras almas– y pongamos en sus manos, con toda confianza, las necesidades de todos los hombres: A cada invocación responderemos:
℟.: Te rogamos, óyenos.


1. Por el Papa León y Benedicto, los obispos, sacerdotes y cuantos predican tu Palabra para que sean fieles a Cristo el único libertador del hombre. Oremos.  ℟.

2. Por nuestro obispo auxiliar, Damián Sebastián, para que a ejemplo de Jesucristo, el Buen Pastor, y con la fuerza del Espíritu Santo ejerza el ministerio episcopal que es oficio de amor, como sucesor de los  Apóstoles, apacentando a esta Iglesia de Dios que peregrina en Guadalajara. Roguemos al Señor.℟.

3. Para que Cristo, esposo de la Iglesia, llene de alegría pascual a todos los que se han consagrado a la extensión de su Reino, roguemos al Señor.

4. Para que Cristo, piedra angular del edificio, ilumine con el anuncio evangélico a los pueblos que aún desconocen la buena nueva de su Evangelio, roguemos al Señor.

5. Para que Cristo, estrella luciente de la mañana, seque las lágrimas de los que lloran y aleje las penas de los que sufren, roguemos al Señor.

6. Para que Cristo, testigo fidedigno y veraz, nos conceda ser sal y luz para los hombres que desconocen la victoria de su Resurrección, roguemos al Señor.
 
Señor, acoge estas plegarias y también aquellas que llevamos cada uno de nosotros en nuestro corazón. Por Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amén.


LITURGIA EUCARISTÍCA

CANTO DE OFERTORIO

Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. A continuación, el diácono inciensa al Obispo y al pueblo.

A continuación, el Obispo, de pie junto al altar, se lava las manos, orando en silencio.

Después, de pie en medio del altar y de cara al pueblo, el Obispo extiende y junta las manos y dice:
Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.

El pueblo se levanta y responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Luego el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas: 
Dios nuestro, que por el santo valor de este sacrificio nos hiciste participar de tu misma y gloriosa vida divina, concédenos que, así como hemos conocido tu verdad, de igual manera vivamos de acuerdo con ella. Por Jesucristo, nuestro Señor.

El pueblo aclama:
Amén.
 
PREFACIO
 
El Obispo comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

El Obispo prosigue:
Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El Obispo añade:
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.

El Obispo prosigue el prefacio.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. 

Porque él no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por todos ante ti; inmolado, ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre.

Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:


SANTO

CANON ROMANO

El sacerdote dice:
Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,  que aceptes 
Dibuja la señal de la cruz sobre el pan y el cáliz juntos, diciendo:
y bendice    estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, 
Con las manos extendidas, continúe: 
sobre todo, por tu santa y católica Iglesia, para que concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en todo el mundo, con tu siervo el Papa León y Benedicto, con mi hermano Sergio, obispo de esta Iglesia de Guadalajara, conmigo tu indigno siervo, y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.
 
Conmemoración de los vivos
1C:  Acuérdate, Señor, de tus hijos  [N.  y  N.] y de todos los aquí reunidos, cuya fe y devoción conoces bien; por ellos y por todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, Dios eterno, vivo y verdadero.

Conmemoración de los Santos
2C: Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, [Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián] y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. 

Con las manos extendidas, prosigue:
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia  santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.

Extendiendo las mano sobre las ofrendas, dice: 
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor. 

El cual, la víspera de su Pasión, 
tomó pan en sus santas y venerables manos, 
y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos diciendo:

Accipite et manducate ex hoc omnes: hoc est enim corpis meum, quod pro vobis tradetur. 

Del mismo modo, acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos diciendo:

Accipite et bibite ex eo omnes: hic est enim calix sanguinis mei novi et æterni testamenti, qui pro vobis et pro multis effundetur in remissionem peccatorum. Hoc facite in meam commemorationem.

Luego dice: 
Mystérium fídei
℟. Mortem tuam annuntiámus, Dómine, et tuam resurrectiónem confitémur, donec vénias.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice: 
Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloría y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación. 

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquísedec.

Inclinado, con las manos juntas, prosigue: 
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, 
Se endereza y se signa, diciendo: 
seamos colmados de gracia y bendición. 

Conmemoración de los difuntos
Con las manos extendidas, dice: 
3C: Acuérdate también, Señor, de tus hijos Benedicto y Francisco, que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. 
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. 

Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo: 
4C: Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, 
Con las manos extendidas, prosigue: 
que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, [Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,] y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. 
Junta las manos. 
Por Cristo, Señor nuestro.

Y continúa: 
Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros. 

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
Per ipsum, et cum ipso, et in ipso, est tibi Deo Patri omnipoténti, in unitáte Spíritus Sancti, omnis honor et glória per ómnia sæcula sæculórum.

RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el Obispo, con las manos juntas, dice:
Præceptis salutaribus móniti, et divína institutióne formáti, audémus dicere:

Junto con el pueblo, continúa:
Pater noster...

El Obispo prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟.
 Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el Obispo dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El Obispo junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén.

El 
Obispo añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟. Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.


CORDERO DE DIOS
 
El Obispo hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Luego, de pie en el altar o en la sede, el Obispo, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Después el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
Señor, muéstrate benigno con tu pueblo, y ya que te dignaste alimentarlo con los misterios celestiales, hazlo pasar de su antigua condición de pecado a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor

El pueblo responde:
Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN

BENDICIÓN FINAL
 
El Obispo extiende las manos hacia el pueblo y dice
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

El Obispo dice:
Dios Padre, que por la resurrección de su Unigénito los ha redimido y les ha dado la gracia de la adopción filial los colme con el gozo de su bendición.

Todos responde:
Amén.

El Obispo dice:
Cristo, que por su redención les obtuvo la perfecta libertad, les conceda participar de la herencia eterna.

Todos responde:
Amén.

El Obispo dice:
Y ustedes, resucitados con él en el bautismo por la fe, por medio de una vida santa puedan llegar a la patria celestial.

Todos responde:
Amén.

El Obispo bendice al pueblo, diciendo:
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo  y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟. Amén.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza, podemos ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.


ANTÍFONA MARIANA


CANTO DE SALIDA
(Canto del Profeta)

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