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Libreto Litúrgico | Presentación del Obispo Auxiliar
PRESENTACIÓN DEL OBISPO AUXILIAR
MONS. LUIS MARIO MEJÍA
PRESIDE SU EXCELENCIA
SERGIO GÓMEZ
II ARZOBISPO METROPOLITANO
CATEDRAL BASÍLICA DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
VIII.XI.MMXXV
El Arzobispo junto con el Obispo Auxiliar se reúnen en la entrada de la iglesia con vestimenta coral y los dos besan la cruz, El Obispo Auxiliar pasando por la nave principal rocía con agua bendita al pueblo, terminando entra a la capilla del santísimo y lo adora por un momento.
Terminando la adoración los Obispos y los demás concelebrantes se dirigen a la sacristía y se revisten.
La celebración inicia con el Arzobispo Metropolitano.
RITOS INICIALES
Una vez reunido el pueblo, el Obispo se dirige al altar con los ministros durante el canto de entrada.
CANTO DE ENTRADA
(Venimos hoy a tu altar)
Venimos hoy a tu altar
A cantarte señor
Pues tú eres la alegría
De nuestro corazón.
Venimos hoy a tu altar
A cantarte señor
Pues tú eres la alegría
De nuestro corazón
Tú hiciste los cielos
Los llenas de estrellas de luz y calor
Tú pintaste la aurora
Hiciste las nubes
Las puestas del sol. ℟.
Cuando llega al altar, se inclina profundamente con los ministros, besa el altar en señal de veneración e inciensa la cruz y el altar. A continuación, se dirige con los ministros a las sillas.
El obispo, vuelto al pueblo, dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos responden:
℟.: Amén.
A continuación, el Obispo abre los brazos y saluda a la gente:
La paz esté con ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
El Obispo invita a los fieles al acto penitencial diciendo:
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
Pausa de silencio.
todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Y, golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Sigue la absolución del Obispo:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde:
Amén.
SEÑOR, TEN PIEDAD
(Misa Mariachi)
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
CRISTO TEN PIEDAD DE NOSOTROS
CRISTO TEN PIEDAD DE NOSOTROS
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
LECTURA DE LAS LETRAS APOSTÓLICAS
Después Mons. Diego o el Vicario General dan lectura a la bula de nombramiento desde el ambón y todos escuchan sentados.
BENEDICTUS EPISCOPUS
SERVUS SERVORUM DEI
Al venerable hermano Luis Mario Mejía, salud y Bendición Apostólica.
"El que es fiel en lo poco, también lo es en lo mucho" (Lc 16,10): estas palabras del Señor resuenan claramente en el corazón de la Iglesia, que reconoce y acoge los frutos de la fidelidad perseverante de quienes, en el servicio humilde y generoso, se hacen aptos para nuevas y mayores responsabilidades en el cuerpo eclesial.
Atendiendo a la petición de nuestro venerado hermano, el Excelentísimo Arzobispo de Guadalajara, Sergio Gómez, que nos presentó las necesidades pastorales de su vasta arquidiócesis, hemos decidido proporcionarle un nuevo colaborador en el episcopado, para que el servicio del Evangelio pueda ser realizado con mayor eficacia y preocupación por los fieles.
Dirigimos, pues, nuestra mirada a ti, querido hijo Luis Mario Mejía, cuya vida episcopal destaca por su celo apostólico, sólida formación y generoso servicio a la Iglesia, siendo siempre signo visible de Cristo Buen Pastor, que da la vida por su rebaño, a través de su incansable testimonio del amor fraterno y acogedor del Señor.
Siguiendo el parecer favorable del Dicasterio para los Obispos, y movidos por la conciencia de tu idoneidad y dedicación, te nombramos, por esta carta apostólica nuestra, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Guadalajara, con el título de Obispo Titular de Menefessi, confiriéndote todas las facultades y deberes que comporta el oficio episcopal (cf. CIC, cánones 403-411).
Por tanto, te exhortamos a "apacentar el rebaño de Dios que se te ha confiado" (1 Pe 5, 2), con corazón de padre, con la mansedumbre de Cristo y con la firmeza de la fe. Que tú ministerio se base siempre en la oración, en la escucha de la Palabra y en la cercanía a los hermanos, especialmente a los sacerdotes, a las personas consagradas y a los pobres.
Invocamos sobre él la intercesión de la Santísima Virgen de Zapopan, Madre y Protectora de Guadalajara, para que acompañe su ministerio con ternura maternal.
Todos aclaman:
Te damos gracias, Señor.
El Arzobispo dirige unas palabras hacia el Obispo Auxiliar.
El Arzobispo entrega el Báculo pastoral al Obispo Auxiliar y lo invita a proseguir con la celebración con el himno del Gloria.
GLORIA
(Misa Mariachi)
GLORIA AL SEÑOR
QUE REINA EN EL CIELO
Y EN LA TIERRA PAZ
A LOS HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR.
SEÑOR TE ALABAMOS,
SEÑOR TE BENDECIMOS,
TODOS TE ADORAMOS,
GRACIAS POR TU GLORIA. ℟.
TU ERES EL CORDERO,
QUE QUITAS EL PECADO.
TEN PIEDAD DE NOSOTROS,
Y ESCUCHA NUESTRA ORACIÓN. ℟.
TU SOLO ERES SANTO,
TU SOLO EL ALTÍSIMO,
CON EL ESPÍRITU SANTO,
EN LA GLORIA DE DIOS PADRE. ℟.
AMÉN.
ORACIÓN COLECTA
Terminado el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Luego el Obispo, con los brazos abiertos, dice la oración colecta:
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Señor, tú que te has querido ponerme al frente de tu familia no por mis méritos, sino por pura generosidad de tu gracia, concédeme realizar dignamente el ministerio episcopal y guiar, bajo tu amparo, la grey que me has confiado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
(Jer 1, 5-9)
Lectura del libro del profeta Jeremías:
La palabra del Señor llegó a mí en estos términos: «Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones.» Yo respondí: «¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven.» El Señor me dijo: «No digas: "Soy demasiado joven", porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene. No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-.» El Señor extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: «Yo pongo mis palabras en tu boca.»
Al final de la lectura, el lector aclama:
Palabra de Dios.
Todos responden:
Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 22)
℟. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. ℟.
Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad.℟.
Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes. ℟.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término. ℟.
SEGUNDA LECTURA
(2 Cor 5, 14-20)
Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios.
Hermanos: El amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto. Y él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Por eso nosotros, de ahora en adelante, ya no conocemos a nadie con criterios puramente humanos; y si conocimos a Cristo de esa manera, ya no lo conocemos más así. El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación. Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios.
Al final de la lectura, el lector aclama:
Palabra de Dios.
Todos responden:
Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA!
ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA!
YO SOY EL BUEN PASTOR; PORQUE CONOZCO
A MIS OVEJAS Y ELLAS ME CONOCEN A MI,
DICE EL SEÑOR.
ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA!
ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA!
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
Padre, dame tu bendición.
Padre, dame tu bendición.
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo ✠ y del Espíritu Santo.
Amén.
EVANGELIO
(Jn 10, 11-18)
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
El Señor esté con ustedes.
El Señor esté con ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según San Juan.
✠ Lectura del santo Evangelio según San Juan.
El pueblo responde:
Gloria a ti, Señor.
Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor. El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Este es el mandato que he recibido de mi Padre.
Cuando termina el Evangelio, el diácono aclama:
Palabra del Señor.
El pueblo responde:
Gloria a ti, Señor.
Luego lleva el libro al Obispo, que lo besa en silencio y bendice al pueblo.
Luego, el Obispo hace la homilía
CREDO
(Símbolo Niceno-constantinopolitano)
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo,
En las palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan.
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pílato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reíno no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.
ORACIÓN DE LOS FIELES
El Obispo invita a los fieles a orar:
El Señor Jesús se presenta ante todos. También hoy está frente a nosotros a nuestro lado. Sintiéndonos necesitados presentamos nuestras súplicas respondiendo:
℟.: Escúchanos, Padre de amor.
1. Por el Papa, los obispos, sacerdotes y cuantos predican tu Palabra para que sean fieles a Cristo el único libertador del hombre. Oremos. ℟.
2. Por nuestro V Obsipo Auxiliar, Jesús Gabriel Mata para que a ejemplo de Jesucristo, el Buen Pastor, y con la fuerza del Espíritu Santo ejerza el ministerio episcopal que es oficio de amor, como sucesor de los Apóstoles, en comunión con el Papa y con el Episcopado universal, apacentando a esta Iglesia de Dios que peregrina en Guadalajara. Roguemos al Señor.℟.
3. Por las familias divididas, para que, a la luz de la Palabra de Dios, con la ayuda y la comprensión de los hermanos, puedan descubrir el sentido cristiano de la vida y nunca duden de la misericordia del Padre. Oremos. ℟.
4. Por aquellos que viven lejos de Dios, para que descubran en Él se cumplen todas las esperanzas del hombre. Oremos. ℟.
5. Por todos y cada uno de nosotros para que reconozcamos nuestro papel en la Iglesia como partícipes del cuerpo de Cristo. Oremos. ℟.
Señor, acoge estas plegarias y también aquellas que llevamos cada uno de nosotros en nuestro corazón. Por Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amén.
LITURGIA EUCARISTÍCA
CANTO DE OFERTORIO
(Te ofrecemos, Padre Nuestro)
Te ofrecemos, Padre nuestro
con el vino y con el pan
nuestras penas y alegrías,
el trabajo y nuestro afán.
Como el trigo de los campos
bajo el signo de la cruz,
se transformen nuestras vidas
en el Cuerpo de Jesús. ℟.
A los pobres de la Tierra
a los que sufriendo están,
cambia su dolor en vino
como la uva en lagar. ℟.
Estos dones son el signo
del esfuerzo de unidad,
que los hombres realizamos
en el campo y la ciudad. ℟.
Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. A continuación, el diácono inciensa al Obispo y al pueblo.
A continuación, el Obispo, de pie junto al altar, se lava las manos, orando en silencio.
Después, de pie en medio del altar y de cara al pueblo, el Obispo extiende y junta las manos y dice:
Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo se levanta y responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:
Dios y Padre providente, confirma los dones que por tu gracia me has concedido y, por estas ofrendas, une al pueblo y al sacerdote en un solo corazón, para que no le falte al pastor la obediencia de su rebaño ni a los fieles la generosa solicitud de su pastor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
El pueblo aclama:
Amén.
PREFACIO
El Sacerdocio de Cristo y el Ministerio de los Sacerdotes
El Obispo comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
El Obispo prosigue:
Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
El Obispo añade:
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.
El Obispo prosigue el prefacio.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Tú constituiste a tu único Hijo Pontífice de la Alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinaste, en tu designio salvífico, que su único sacerdocio se perpetuara en la Iglesia.
Él no sólo enriquece con el sacerdocio real al pueblo de los bautizados, sino también, con amor fraterno, elige a algunos hombres para hacerlos participar de su ministerio mediante la imposición de las manos.
Tus sacerdotes, Padre, renuevan en nombre de Cristo el sacerdocio de la redención humana, preparan a tus hijos el banquete pascual, guían en la caridad a tu pueblo santo, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus sacramentos.
Ellos, al entregar su vida por ti, Padre, y por la salvación de los hermanos, deben configurarse a Cristo y dar testimonio constante de fidelidad y de amor.
Por eso, Padre, con todos los ángeles y santos te alabamos, cantando con alegría:
SANTO
(Misa Mariachi)
SANTO ES EL SEÑOR
DIOS CREADOR, DEL UNIVERSO ENTERO
Y LLENOS ESTÁN DE SU BONDAD
EL MAR, LA TIERRA, EL CIELO.
HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN CIELO
BENDITO EL QUE VIENE,
EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.
SANTO ES EL SEÑOR
DIOS CREADOR, DEL UNIVERSO ENTERO
Y LLENOS ESTÁN DE SU BONDAD
EL MAR, LA TIERRA, EL CIELO.
PLEGARIA EUCARÍSTICA III
El Obispo, con las manos extendidas, dice:
SANTO eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus creaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.
Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en Cuerpo ✠ y Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.
Porque el mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos.
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos.
Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
El Obispo prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,
y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos.
Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
El Obispo prosigue:
Este es el Sacramento de Nuestra fe.
℟. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús.
Después, el Obispo, con las manos extendidas dice:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección, y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
1C: Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen, Madre de Dios, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
2C: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Leon XIV, Benedicto VIII, a nuestros Obispos Sergio, Jesús y Luis, al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.
Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.
†A nuestros hermanos difuntos, y a cuantos murieron en tu amistad, recíbelos en tu Reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟. Amén.
℟. Amén.
RITO DE COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el Obispo, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal
El Obispo prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el Obispo dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
El Obispo añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟. Y con tu espíritu.
℟. Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.
CORDERO DE DIOS
(Misa Mariachi)
CORDERO DE DIOS QUE QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
CORDERO DE DIOS QUE QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
CORDERO DE DIOS QUE QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,
DANOS LA PAZ, DANOS LA PAZ,
DANOS DANOS, DANOS LA PAZ,
DANOS DANOS, DANOS LA PAZ.
El Obispo hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
CANTO DE COMUNIÓN
(Misión)
Qué hermosos en los montes /y en las colinas/:
los pies del mensajero /que va de prisa/.
Lleva dentro la tienda para su abrigo,
el secreto del Reino y la faz de Cristo.
Donde quieras que vayas /estoy contigo/.
Levántate, no temas, /que yo te envío/.
Yo no tengo palabras, /yo soy un niño/.
Tu verdad me hace libre /pero no atino/
a decir tus secretos ni tus caminos,
ni a revelar tu rostro mientras te sigo.
Donde quieras que vayas /estoy contigo/.
Levántate, no temas, /que yo te envío/.
Tú pusiste en mis manos /grano y vacío/,
herramienta y fatiga, /pan y vasija/.
Tú pusiste la lluvia y el sol fecundo
y la cuenta infinita de tus gavillas.
Donde quieras que vayas /estoy contigo/.
Levántate, no temas, /que yo te envío/.
Siempre estoy comenzando /nueva tarea/,
porque Tú me acompañas y /Tú me guías/,
porque Tú me lo mandas para que sea
un grano de palabra de vida eterna.
Donde quieras que vayas /estoy contigo/.
Levántate, no temas, /que yo te envío/.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Luego, de pie en el altar o en la sede, el Obispo, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Después el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
Dios todopoderoso y eterno, origen y plenitud de todas las virtudes, concédeme, por la participación en este misterio, la gracia de hacer el bien y predicar la verdad, para que, de palabra y de obra, enseñe a los fieles el valor de tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.
El pueblo responde:
Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN FINAL
El Obispo extiende las manos hacia el pueblo y dice
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
El Obispo dice:
Dios Padre, que por la resurrección de su Unigénito los ha redimido y les ha dado la gracia de la adopción filial los colme con el gozo de su bendición.
Todos responde:
Amén.
El Obispo dice:
Cristo, que por su redención les obtuvo la perfecta libertad, les conceda participar de la herencia eterna.
Todos responde:
Amén.
El Obispo dice:
Y ustedes, resucitados con él en el bautismo por la fe, por medio de una vida santa puedan llegar a la patria celestial.
Todos responde:
Amén.
El Obispo bendice al pueblo, diciendo:
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟. Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza, podemos ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟. Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza, podemos ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.
ANTÍFONA MARIANA
(SALVE REGINA)
SALVE, REGINA, MATER MISERICORDIAE;
VITA, DULVEDO ET SPES NOSTRA, SALVE.
AD TE CLAMAMUS, EXSULES FILII EVAE.
AD TE SUSPIRAMUS, GEMENTES ET FLENTES
IN HAC LACRIMARUM VALLE.
EIA, ERGO, ADVOCATA NOSTRA,
ILLOS TUOS MISERICORDES OCULOS
AD NOS CONVERTE.
ET JESUM, BENEDICTUM FRUCTUM VENTRIS TUI,
NOBIS POST HOC EXSILIUM OSTENDE.
O CLEMENS, O PIA, O DULCIS VIRGO MARIA.
CANTO DE SALIDA
(Canto del Profeta)
Antes que te formaras
Dentro del vientre de tu madre
Antes que tú nacieras
Te conocía y te consagré
Para ser mi profeta
De las naciones yo te escogí
Irás donde te envíe
Y lo que te mande proclamarás.
Tengo que gritar, tengo que arriesgar
Ay de mí si no lo hago
Cómo escapar de ti, cómo no hablar
Si tu voz me quema dentro
Tengo que andar, tengo que luchar
Ay de mí si no lo hago
Cómo escapar de ti, cómo no hablar
Si tu voz me quema dentro.
No temas arriesgarte
Porque contigo yo estaré
No temas anunciarme
Porque en tu boca yo hablaré
Te encargo hoy mi pueblo
Para arrancar y derribar
Para edificar, destruirás y plantarás.
Deja a tus hermanos
Deja a tu padre y a tu madre
Abandona tu casa
Porque la tierra gritando está
Nada traigas contigo
Porque a tu lado yo estaré
Es hora de luchar
Porque mi pueblo sufriendo estáAntes que te formaras
Dentro del vientre de tu madre
Antes que tú nacieras
Te conocía y te consagré
Para ser mi profeta
De las naciones yo te escogí
Irás donde te envíe
Y lo que te mande proclamarás.
Tengo que gritar, tengo que arriesgar
Ay de mí si no lo hago
Cómo escapar de ti, cómo no hablar
Si tu voz me quema dentro
Tengo que andar, tengo que luchar
Ay de mí si no lo hago
Cómo escapar de ti, cómo no hablar
Si tu voz me quema dentro.
No temas arriesgarte
Porque contigo yo estaré
No temas anunciarme
Porque en tu boca yo hablaré
Te encargo hoy mi pueblo
Para arrancar y derribar
Para edificar, destruirás y plantarás.
Deja a tus hermanos
Deja a tu padre y a tu madre
Abandona tu casa
Porque la tierra gritando está
Nada traigas contigo
Porque a tu lado yo estaré
Es hora de luchar
Porque mi pueblo sufriendo está.


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