Libreto | Memoria de San Juan Pablo II

 


LIBRETO
MEMORIA DE SAN JUAN PABLO II


RITOS INICIALES 

CANTO DE ENTRADA
(Que alegría cuando me dijeron)

¡Qué alegría cuando me dijeron
Vamos a la casa del Señor!
Permaneciendo en Jerusalén
En las puertas de la casa de Dios.

Mira, Oh Jerusalén
La ciudad restaurada
Ahí las tribus de Yavé
Son una en él Señor. R.

Cómo lo ordeno Israel
Vienen a anunciar su nombre
Ahí donde la justicia
La justicia de David Reina. R.

Terminado el canto de entrada, el Obispo y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el Obispo, vuelto hacia el pueblo, dice: 

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.

La Paz este con Ustedes.
R. Y con tu Espíritu.

ACTO PENITENCIAL 

A continuación se hace el acto penitencial, al que el Obispo invita a los fieles, diciendo:
En el día en que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, reconozcamos que estamos necesitados de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.

Pausa de silencio.

El Obispo dice:
Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti. 

Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.
 
El Obispo concluye con la siguiente plegaria:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

SEÑOR TEN PIEDAD 
(Reunidos en su nombre)

SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.

CRISTO, TEN PIEDAD.
CRISTO, TEN PIEDAD.

SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.

ORACIÓN COLECTA 

Termina el himno, el obispo con las manos extendidas dice:
Oremos.
Dios nuestro, rico en misericordia, que has querido que san Juan Pablo II, Papa, guiara a toda tu Iglesia, te pedimos que, instruidos por sus ensenanzas, nos concedas abrir confiadamente nuestros corazones a la gracia salvadora de Cristo, único redentor del hombre. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA 

PRIMERA LECTURA 
(1 Rom 6, 12-18)

Póngance al servicio de Dios, que les ha dado la vida.

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos:

Hermanos: No dejen que el pecado domine su cuerpo mortal y los obligue a seguir sus malas inclinaciones; no pongan sus miembros al servicio del pecado, como instrumentos de maldad. Por el contrario, pónganse al servicio de Dios, puesto que habiendo estado muertos, él les ha dado la vida; pongan también sus miembros a su servicio, como instrumentos de santidad. El pecado ya no volverá a dominarlos, pues no viven ustedes bajo el régimen de la ley, sino bajo el régimen de la gracia. ¿Podemos entonces pecar, puesto que ya no vivimos bajo el régimen de la ley, sino bajo el régimen de la gracia? De ningún modo. ¿Acaso no saben ustedes que al someterse a alguien para obedecerlo como esclavos, se hacen sus esclavos? Si ustedes son esclavos del pecado, es para su propia muerte; si son esclavos de la obediencia a Dios, es para su santificación. Pero gracias a Dios, ustedes, aunque fueron esclavos del pecado, han obedecido de corazón las normas de la doctrina evangélica que se les han transmitido, y así, una vez libres del pecado, se han hecho esclavos de la santidad.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSARIAL 
(Sal 123, 1-3.4-6.7-8.)

R/ El Señor es nuestra ayuda.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, que lo diga Israel, si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando los hombres nos asaltaron, nos habría devorado vivos el fuego de su cólera. R.

Las aguas nos hubieran sepultado, un torrente nos hubiera llegado al cuello, un torrente de aguas encrespadas. Bendito sea el Señor, porque no permitió que nos despedazaran con sus dientesR.

Nuestra vida se escapó como un pájaro de la trampa de los cazadores. La trampa se rompió y nosotros escapamos. La ayuda nos viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. R.

ACLAMACIÓN ANTES 
DEL EVANGELIO 

R. Aleluya, Aleluya, Aleluya.

Estén preparados, porque no saben a qué hora va a venir el Hijo del hombre.

R. Aleluya, Aleluya, Aleluya.

EVANGELIO 
(Lc 12, 39-48)

Al que mucho se le da, se le exigirá mucho.


V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.

Lectura del Santo Evangelio según san Mateo
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 'Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre'. Entonces Pedro le preguntó a Jesús: '¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?'. El Señor le respondió: 'Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso ese siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene. Pero si ese siervo piensa: 'Mi amo tardará en llegar' y empieza a maltratar a los otros siervos y siervas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte de los desleales. El siervo que conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Luego el Obispo hace la homilía.


LITURGIA EUCARISTÍCA 

CANTO DE OFERTORIO 
(Bendito seas, señor)

BENDITO SEAS, SEÑOR,
POR ESTE PAN Y ESTE VINO
QUE GENEROSO NOS DISTE
PARA CAMINAR CONTIGO,
Y SERÁN PARA NOSOTROS
ALIMENTO EN EL CAMINO.

TE OFRECEMOS EL TRABAJO,
LAS PENAS Y LA ALEGRÍA,
EL PAN QUE NOS ALIMENTA
Y EL AFÁN DE CADA DÍA. R.

TE OFRECEMOS NUESTRO BARRO
QUE OSCURECE NUESTRAS VIDAS
Y EL VINO QUE NO EMPLEAMOS
PARA CURAR LAS HERIDAS. R.

El Obispo inciensa las ofrendas, la cruz y el altar, después un diácono inciensa a el Obispo y al pueblo.

El Obispo de pie en el centro del altar y mirando hacia al pueblo dice:
Oren, hermanos, para que este sacrificio, mio y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso. 

R. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.


ORACIÓN SOBRE
 LAS OFRENDAS 

Luego el Obispo con las manos extendidas dice la oración sobre las ofrendas:
Oremos.
Concédenos, Señor, que en la celebración de san Juan Pablo II nos aproveche esta ofrenda, por cuya inmolación quisiste que se perdonen los pecados del mundo entero. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.


PREFACIO
PRESENCIA DE LOS SANTOS 
PASTORES EN LA IGLESIA.

V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, Señor nuestro.

Porque hoy alegras a tu Iglesia en la fiesta de San Juan Pablo II fortaleciéndola con el ejemplo de su piadosa vida, instruyéndola con su palabra y protegiéndola con su valiosa intercesión.

Por eso con la multitud de los ángeles y santos, te cantamos el himno de alabanza, diciendo sin cesar:


SANTO
(Reunidos en su nombre)

SANTO, SANTO, SANTO, SANTO ES EL SEÑOR, DIOS DEL UNIVERSO.
LLENOS ESTÁN EL CIELO Y LA TIERRA DE TU GLORIA.

HOSANNA EN EL CIELO.

BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR.

HOSANNA EN EL CIELO.


PLEGARIA EUCARISTÍCA III 

El Obispo con las manos extendidas dice:
Santo eres en verdad, Padre,  
y con razón te alaban todas tus criaturas,  
ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, 
con la fuerza del Espíritu Santo,  
das vida y santificas todo,  
y congregas a tu pueblo sin cesar,  
para que ofrezca en tu honor  
un sacrificio sin mancha  
desde donde sale el sol hasta el ocaso. 

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice: 
Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,  

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan en el Cuerpo la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios. 

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos. 

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Luego el Obispo dice:
Este es el Sacramento de Nuestra fe.
R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor jesus.

Después el Obispo, con las manos extendidas, dice: 
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. 

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. 

C1: Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

C2: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto VIII, a nuestro Arzobispo Sergio Gómez, al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. 

A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,  

Junta las manos. 
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes. 

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. 


RITO DE COMUNIÓN 

Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el Obispo, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir.

Extiende las manos y junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el Obispo, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
R. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.  

Solo el Obispo, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 

Junta las manos. 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén. 

El Obispo, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
R. Y con tu espíritu. 

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el Obispo, añade: 
Como hijos de dios intercambien un signo de comunión fraterna.


CORDERO DE DIOS 
(Reunidos en su nombre)

CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.

CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.

CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
DANOS, DANOS LA PAZ.

El Obispo hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
R. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.


CANTO DE COMUNIÓN 
(Una espiga dorada por el sol)

UNA ESPIGA DORADA POR EL SOL
EL RACIMO QUE CORTA EL VIÑADOR
SE CONVIERTEN, AHORA, EN PAN Y VINO DE AMOR EN EL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR.

COMPARTIMOS LA MISMA COMUNIÓN
SOMOS TRIGOS DEL MISMO SEMBRADOR
UN MOLINO, LA VIDA NOS TRITURA CON DOLOR DIOS NOS HACE EUCARISTÍA EN EL AMOR. R.

COMO GRANOS QUE HAN HECHO EL MISMO PAN COMO NOTAS QUE TEJEN UN CANTAR COMO GOTAS DE AGUA QUE SE FUNDEN EN EL MAR LOS CRISTIANOS UN CUERPO FORMARÁN. R.

EN LA MESA DE DIOS SE SENTARÁN COMO HIJOS SU PAN COMULGARÁN UNA MISMA ESPERANZA CAMINANDO CANTARÁN EN LA VIDA COMO HERMANOS SE AMARÁN. R.


ORACIÓN DESPUÉS DE
 LA COMUNIÓN

El Obispo desde la sede con las manos extendidas dice:
Oremos.
Señor Dios, que la eficacia de los dones recibidos, en esta festividad de San Juan Pablo II, produzca su efecto en nosotros, para que nos sirvan de ayuda en nuestra vida mortal y nos obtengan el gozo de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ORACIÓN A SAN
JUAN PABLO II 

Todos:
¡Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo dónanos tu bendición!

Bendice a la Iglesia, que tú has amado, servido, y guiado, animándola a caminar con coraje por los senderos del mundo para llevar a Jesús a todos y a todos a Jesús.

Bendice a los jóvenes, que han sido tu gran pasión. Concédeles volver a soñar, volver a mirar hacia lo alto para encontrar la luz, que ilumina los caminos de la vida en la tierra.

Bendice las familias, ¡bendice cada familia!

Tú advertiste el asalto de satanás contra esta preciosa e indispensable chispita de Cielo, que Dios encendió sobre la tierra. San Juan Pablo, con tu oración protege las familias y cada vida que brota en la familia.

Ruega por el mundo entero, todavía marcado por tensiones, guerras e injusticias. Tú te opusiste a la guerra invocando el diálogo y sembrando el amor: ruega por nosotros, para que seamos incansables sembradores de paz.

Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo, donde te vemos junto a María, haz descender sobre todos nosotros la bendición de Dios.
R. Amén.


RITO DE CONCLUSIÓN 

BENDICIÓN SOLEMNE 

Después tiene lugar la despedida. El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:  
El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu. 

Si es oportuno, el Obispo o diácono dice:  
Inclínense para recibir la bendición.

Dios, nuestro Padre,
que nos ha congregado para celebrar hoy la fiesta de San Juan Pablo II, los bendiga, proteja y conforme en su paz.
R. Amén.

Cristo, el Señor,
que ha manifestado en San Juan Pablo II.
la fuerza renovadora del misterio pascual,
los haga auténticos testigos de su Evangelio.
R. Amén.

El Espíritu Santo,
que en san Juan Pablo II. nos ha ofrecido un ejemplo de caridad evangélica,
les conceda la gracia de acrecentar en la Iglesia
la verdadera comunión de fe y amor.
R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.

Luego el Obispo o el Diácono dice:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza, podemos ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.

CANTO DE SALIDA 
(Himno a San Juan Pablo II)

"¡Abrid las puertas a Cristo! No tengáis miedo. Abrid de par en par vuestro corazón a Dios".

Verdadero padre para los jóvenes
a quienes enviaste al mundo,
centinelas de la mañana,
signo vivo de esperanza. R.

Testigo de la fe
que anunciaste con la vida;
firme y fuerte en la prueba 
confirmaste a tus hermanos. R.

Enseñaste a cada hombre 
la belleza de la vida,
indicando a la familia
como signo del amor. R.

Portador de la paz
y heraldo de justicia,
te hiciste entre los pueblos
nuncio de misericordia. R.

En el dolor revelaste
el poder de la Cruz.
Guía siempre a tus hermanos
en el camino del amor. R.

En la Madre del Señor
nos indicaste una guía;
en su intercesión,
el poder de la gracia. R.

Padre de misericordia,
Hijo nuestro, Redentor,
Santo Espíritu de Amor,
a Ti, Trinidad, la gloria. Amén.


 










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