LIBRETO
SANTA MISA SOLEMNE
DE RENOVACIÓN DE PATROCINIO

PRESIDE
✠ S.E.R. LUIS ROMÁN CARDENAL GALVÁN
ARZOBISPO METROPOLITANO DE GUADALAJARA

PLAZA GUADALAJARA, CATEDRAL METROPOLITANA
XI.X.MMXXVI

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RITOS INICIALES
  
Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, incensarlo. Luego todos van a las sillas.
 
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 
    Amén. 
 
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor nacido de la siempre Virgen María estén con todos ustedes. 
    Y con tu espíritu. 

ACTO PENITENCIAL
 
El sacerdote invita a el arrepentimiento al pueblo con la siguiente formula:
Hermanas y hermanos, nos hemos congregado para celebrar la Eucaristía en donde el Señor Jesús, Hijo Unigénito del Padre ofrece su fraternal cariño a nosotros.  En esta solemnidad queremos agradecer la maternal protección de la patrona de esta Arquidiócesis de Guadalajara en su venerado título de Nuestra Señora de la Expectación de Zapopan. Dispongámonos para aceptar con humildad nuestras faltas y pecados, y pedir perdón con confianza. 

Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos dicen en común la fórmula de la confesión general: 
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. 
Y, golpeándose el pecho, dicen: 
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. 
Luego, prosiguen: 
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor. 
 
El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. 
    Amén. 
 
Siguen las invocaciones Señor, ten piedad (Kyrie, eléison)
 
GLORIA
 
A continuación se canta el himno:
GLORIA A DIOS EN EL CIELO, Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR. 

POR TU INMENSA GLORIA TE ALABAMOS, TE BENDECIMOS, TE ADORAMOS, TE GLORIFICAMOS, TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR DIOS, REY CELESTIAL, DIOS PADRE TODOPODEROSO. 

SEÑOR, HIJO ÚNICO, JESUCRISTO; SEÑOR DIOS, CORDERO DE DIOS, HIJO DEL PADRE; TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS; TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, ATIENDE NUESTRA SÚPLICA; TÚ QUE ESTÁS SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE, TEN PIEDAD DE NOSOTROS. 

PORQUE SÓLO TÚ ERES SANTO, SÓLO TÚ SEÑOR, SÓLO TÚ ALTÍSIMO, JESUCRISTO, CON EL ESPÍRITU SANTO EN LA GLORIA DE DIOS PADRE. 

AMÉN. 

ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Dios Padre bondadoso que has querido que Nuestra Señora de Zapopan ocupara un lugar privilegiado en la evangelización y pacificación de nuestros pueblos, te pedimos nos concedas que sintamos siempre la maternal protección de la patrona de nuestra Arquidiócesis, para que externemos el entusiasmo evangelizador que impulsó a los misioneros a comunicarnos la fe en el Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos
    Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Zc. 2, 14-17)

Regocíjate, Jerusalén, pues vengo a vivir en medio de ti

Lector: Del libro del profeta Zacarías:
“Canta de gozo y regocíjate, Jerusalén, pues vengo a vivir en medio de ti, dice el Señor. Muchas naciones se unirán al Señor en aquel día; ellas también serán mi pueblo y yo habitaré en medio de ti y sabrás que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ti.

El Señor tomará nuevamente a Judá como su propiedad personal en la tierra santa y Jerusalén volverá a ser la ciudad elegida”. ¡Que todos guarden silencio ante el Señor, pues Él se levanta ya de su santa morada! 

Lector: Palabra de Dios
    Te alabamos Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
(Lc 1, 46-55)
 
-  El Poderoso ha hecho grandes obras en mí. 

Mi alma glorifica al Señor 
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi Salvador, 
porque puso sus ojos 
en la humildad de su esclava. 

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, 
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. 
Santo es su nombre. Y su misericordia llega de generación en generación 
a los que lo temen.

Ha hecho sentir el poder de su brazo: 
dispersó a los de corazón altanero. 
Destronó a los potentados y exaltó a los humildes. 
A los hambrientos los colmó de bienes 
y a los ricos los despidió sin nada. 

Acordándose de su misericordia, 
vino en ayuda de Israel, su siervo, 
corno lo había prometido a nuestros padres, 
a Abraham y a su descendencia, para siempre. 

SEGUNDA LECTURA
(Ef. 2, 4-10)

Dios, rico en misericordia.

Lector: De la carta del apóstol san Pablo a los efesios:
Hermanos: 

La misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y Él nos dio la vida con Cristo y en Cristo. Por pura generosidad suya, hemos sido salvados. Con Cristo y en Cristo nos ha resucitado y con Él nos ha reservado un sitio en el Cielo. Así, en todos los tiempos, Dios muestra, por medio de Jesús, la incomparable riqueza de su gracia y de su bondad para con nosotros. 

En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe; y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios. Tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir, porque somos hechura de Dios, creados por medio de Cristo Jesús, para hacer el bien que Dios ha dispuesto que hagamos. 

Lector: Palabra de Dios
    Te alabamos Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Cfr. Lc 1, 45)
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.

-  Dichosa tú, santísima Virgen María, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor.

ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo ✠ y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
Amén.

EVANGELIO
(Lc. 1, 39-47)

Dichosa tú, porque has creído
 
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
El Señor esté con ustedes. 
    Y con tu espíritu. 

El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
    Gloria a tí, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
V.:  En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi Salvador”.

Palabra del Señor.
    Gloria a ti, Señor Jesús.

HOMILÍA
 
Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono.

CREDO
 
Terminado lo anterior, se canta la Profesión de Fe.

ORACIÓN DE LOS FIELES
 
Confiados en la misericordia divina, que por medio de Santa María Virgen ha visitado a su pueblo, oremos a Dios por las necesidades de los hombres: A cada invocación contestamos:
    ¡Te rogamos, óyenos!

1. Para que el Señor –que quiso que la santidad de la Iglesia se prefigurara y llegara a feliz término en la perfección de María, conceda a los cristianos de esta Arquidiócesis, ser vivo reflejo de aquella santidad que resplandece en la Madre de Dios, roguemos al Señor.

2. Por el Santo Padre León, por nuestro Obispo José Francisco y por todos nuestros pastores, para que –a imitación de los primeros evangelizadores que nos trajeron la fe cristiana– sigan ofreciendo a nuestro mundo el alegre testimonio de una vida santa, roguemos al Señor.

3. Por nuestros gobernantes, y por todos los responsables de los destinos de nuestro pueblo, para que su labor tenaz y desinteresada haga crecer el amor y la justicia en nuestra sociedad, superando toda división y todo egoísmo, roguemos al Señor.

4. Por todos los miembros de la vida consagrada y por los laicos comprometidos en la labor de la Nueva Evangelización, para que den un claro testimonio de vida cristiana y una colaboración eficaz a la prosperidad de nuestro Patria, roguemos al Señor.

5. Para que, por intercesión de nuestra Madre del cielo, el Señor visite a los que viven solos, abandonados, descorazonados o tristes, fortalezca su esperanza y puedan encontrar en nosotros una mano amiga que salga en su ayuda, roguemos al Señor.

6. Por nuestra santa Iglesia de Guadalajara –fiel portadora de la vocación maternal de nuestra Santa Patrona– para que, siguiendo fielmente su ejemplo, continúe anunciando valerosamente la Buena Nueva de Jesucristo en todos los ámbitos de nuestra sociedad, roguemos al Señor.

Dios nuestro, que has querido que Nuestra Señora de Zapopan fuera ayuda y patrona de quienes peregrinamos hacia la Patria eterna en estas benditas tierras escucha nuestras plegarias y haz que, confiando en su ayuda poderosa, obtengamos los bienes que te hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro Señor.
    Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA
 
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
 
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres. 
 
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. 
 
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.

Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración: 
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.

Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso. 
    El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia. 
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Te presentamos Señor estos dones, frutos de nuestros campos y de nuestro trabajo, y te pedimos humildemente que siguiendo el ejemplo de Nuestra Señora, la Virgen de Zapopan sepamos ofrecernos nosotros mismos colaborando con tu Hijo en la obra de la evangelización de nuestra iglesia de Guadalajara. Por Jesucristo, nuestro Señor.
    Amén.
 
PREFACIO

El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
El Señor esté con ustedes.
    Y con tu espíritu.

El sacerdote prosigue:
Levantemos el corazón.
    Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El sacerdote añade:
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
    Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar Señor Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por todas las grandes maravillas de amor y de gracia que has hecho misericordiosamente en la Virgen María, madre de tu Hijo.

Porque a ella no la tocó el pecado en su concepción ni sufrió la corrupción del sepulcro, pues siendo intacta en su virginidad fue constituida tálamo precioso, del cual salió Cristo, luz de las naciones y esposo de la Iglesia, gloriosa por su descendencia resplandece como esperanza de los fieles y defensora de nuestra fe. 

Por eso como los ángeles cantan en el cielo, te cantamos aquí diciendo sin cesar:

En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando en voz alta el himno Santo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA III
 
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Santo eres en verdad, Padre, y con motivo te alaban todas tus creaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,  

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan en el Cuerpo ✠ la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, Junta las manos. que nos mandó celebrar estos misterios. Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue: 
Del mismo modo, acabada la cena, 

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.
Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada  por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados. Hagan esto en conmemoración mía.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego dice una de las siguientes fórmulas:
Éste es el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:
    Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. 

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. 

C1: Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

C2: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto, con nuestro Obispo Luis Román, al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia
Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. 

† A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,  

Junta las manos. 
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. 
El pueblo aclama:
    Amén.  
 
RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Junto con el pueblo, continúa:
    Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

El sacerdote prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
    Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
    Amén.

El sacerdote añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes
    Y con tu espíritu.

Luego el diácono, o el sacerdote, añade: 
Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta mientras tanto el Cordero De Dios.
 
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
    Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
    Amén.

Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Que el sacramento de la Eucaristía que acabamos de celebrar en la solemnidad de Nuestra Señora de Zapopan, patrona de nuestra Arquidiócesis, avive en nosotros el compromiso de la fe para que como ella, escuchando y obedeciendo tu palabra, construyamos el Evangelio en el mundo y llevemos a Cristo a todos nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
    Amén.

ORACIÓN DE RENOVACIÓN DEL PATROCINIO
 
Habiendo preparado un reclinatorio frente a la imagen de Nuestra Señora, el Arzobispo se postra y dirige la oración:
VIRGEN SANTÍSIMA DE ZAPOPAN, NOS CONGREGAMOS ANTE TI PASTORES Y FIELES DE ESTA ARQUIDIÓCESIS DE GUADALAJARA. INFUNDE EN NOSOTROS EL DON DEL AMOR, LA JUSTICIA Y LA PAZ PARA QUE CESE TODA LA VIOLENCIA EN NUESTRA CIUDAD, EN NUESTRA PATRIA Y EN EL MUNDO ENTERO.

SEÑORA NUESTRA, SIGUE CUIDANDO DE ESTA ARQUIDIÓCESIS  Y DE TODOS LOS AQUÍ PRESENTES. TU QUE PRECEDISTE A LA IGLESIA EN LA PROFESIÓN DE LA FE, AYÚDANOS PARA QUE TODOS LOS CRISTIANOS CATÓLICOS DESCUBRAN EL GOZO DE VIVIR LAS ENSEÑANZAS DE TU DIVINO HIJO. 

A TI PADRE, ALABANZA POR SIEMPRE, PRINCIPIO SIN PRINCIPIO, SUMA BONDAD Y ETERNA LUZ, CON EL HIJO Y EL ESPÍRITU SANTO, HONOR Y GLORIA, ALABANZA Y GRATITUD POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. 
    Amén.

Posteriormente, mientras se entona el canto de la Salve, el Arzobispo inciensa la imagen y ofrece una reverencia. 
 
RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN FINAL

En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después invita a todos a recibir la bendición diciendo:
Inclinen la cabeza para recibir la bendición. 

Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
El Señor esté con ustedes.
    Y con tu espíritu.

Y extendiendo las manos sobre el pueblo dice la oración:
Que Dios Padre misericordioso por el gran amor que tuvo para con la madre de su hijo, les conceda la salud del alma y del cuerpo.
    Amén.

Que Jesucristo el fruto bendito de la Virgen María les conceda embellecerse con las virtudes que los hacen más gratos a Él.
    Amén.

Que el Espíritu Santo que descendió de María la Virgen les conceda la dulzura de la paz y los mantenga unidos al seno de la madre Iglesia.
    Amén.

Y el diácono despide al pueblo diciendo:
¡Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio. Pueden ir en paz!
    Demos gracias a Dios.

Después el sacerdote se retira a la sacristía.

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